Como se debe tratar el tema del creacionismo en clase de ciencias (Tomado de la ciencia y sus demonios)

Mejor combatir la superstición con ciencia que ignorar las supersticiones

Los titulares no podían ser mas claros: “científico de prestigio argumenta que el creacionismo debe de ser enseñado en las escuelas”. Este fue el titular del periódico The Times del 12 de septiembre de 2008, repitiéndose ese mismo encabezado en medios británicos. La historia explicaba que Michael Reiss, un afamado biólogo con ocupación tanto docente como investigadora y con fuertes convicciones religiosas (protestante anglicano), y en esos momentos director de educación de la Royal Society, ha manifestado de forma clara que el creacionismo debe de ser enseñado en clase de biología.

Estos artículos de prensa no eran correctos. En un discurso en la Asociación Británica para el Avance de las Ciencias, el día 11 de septiembre M. Reiss realizó -como hizo muchas veces con anterioridad- unas manifestaciones en concordancia con la postura de la Royal Society (R.S.): cuando los estudiantes realizan cuestiones acerca del creacionismo en clase, el profesor debe de explicar por qué el creacionismo no es ciencia y la evolución sí lo es. Sin embargo, el 16 de septiembre la R.S. anunció la renuncia de Reiss, argumentando que la mala interpretación que había hecho la prensa de sus palabras había socavado la reputación de la R.S.

Nature no conoce las conversaciones mantenidas entre los periodistas y los editores responsables de las noticias de prensa, por tanto dejamos a su consideración cómo esta malinterpretación ha podido pasar, y las lecciones que se puedan aprender de ello. Esta revista tampoco conoce las deliberaciones mantenidas en la R.S. acerca de qué posición era la que proporcionaba un menor daño a su reputación.

Pero este malentendido ha sido una enorme propaganda para el movimiento creacionista. En este sentido son interesantes las declaraciones del actual presidente de EEUU recogen este medio: ni el creacionismo ni el diseño inteligente deben de ser recogidos en el programa de ciencias. Pero los científicos y los educadores en ciencias deben de tener en cuenta la cuestión abierta por Reiss: cómo responder a estudiantes que realizan cuestiones acerca del creacionismo en clase.

Aquellos que piensan que discutir acerca del creacionismo en clase de ciencia lo legitima, y que esas preguntas se han de plantear en otros lugares, están equivocados. Eugene Scott, directora ejecutiva del Instituto Nacional para la Educación de Ciencias, que lleva muchos años defendiendo la enseñanza de la evolución en su país, argumenta que una no respuesta por el profesor a sus dudas es percibido por el alumno como una respuesta humillante. Esto más que ayudar puede entorpecer la resolución del problema. Y además invita a protestas por parte de padres “ultrajados”.

Es más, es una forma de despilfarrar lo que se podría llamar, una “oportunidad docente”: una excelente oportunidad de la escuela para reclutar a estudiantes disidentes e informarles sobre cuál es la postura de la ciencia al respecto.

En esos momentos, es cuando se debe realizar la postura defendida por Reiss: manejar la pregunta, sin ridiculizar, pero dejando bien claro que en ciencia las teorías deben de ser testadas para ser validas. “Tú preguntas si la Tierra tiene 6.000 años de antigüedad, y por qué los descendientes de Adán y Eva no están relacionados con los animales inferiores. Bien, ¿cómo podemos validar esas hipótesis y qué dicen las evidencias recogidas hasta ahora”.

Este es una senda tortuosa y llena de obstáculos para los profesores. Un ejemplo de lo delicada que puede ser esta situación fue publicada en New York Times del día 23 de agosto, donde un profesor de Florida explica sus dificultades. En particular, es de extrema importancia que el profesor tenga unos buenos conocimientos de la teoría de la evolución para poder realizar una docencia competente. El problema es que no hay tantos profesores de ciencias que entiendan en profundidad esa teoría, debido fundamentalmente a que ésta no siempre es explicada de forma adecuada en las universidades. Y esto ocurre en un país del primer mundo, en muchos países pocos desarrollados los profesores no reciben ningún tipo de información acerca de la evolución.

Aquellos estudiantes de biología a los que no se les han presentados evidencias de la evolución en acción (en fósiles, en microorganismos, en genomas) están recibiendo una enseñanza deficiente. La educación superior en general, y los departamentos de biología en particular, están en primera línea de la batalla entre el creacionismo y la evolución.

Editorial de Nature (2008), 455:431-432

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